lunes, 31 de enero de 2011

YIN-YANG, SIMBOLO DE DUALIDAD


El Yin-Yang es uno de esos símbolos orientales que más universalidad ha conseguido con el pasar de los años. Casi todo el mundo lo reconoce aunque no sabe exactamente cuál es su origen y lo que significa en realidad. Al haber alcanzado un estatus de gran popularidad su identidad ha caído en lo superficial, convirtiéndose en un amuleto de protección contra supersticiones de todo tipo o para atraer la buena suerte. El merchandising que ha surgido en torno suyo es abrumador.
            Más allá de aspectos superficiales, nos encontramos ante uno de los símbolos de más hondo significado. Su contenido es fascinante, casi inabarcable por nuestra mente lógica. Encierra conocimientos que van desde metafísica pura y cosmogénesis, hasta cuestiones relativas a la naturaleza psíquica y física del ser humano
Símbolo y sistema de pensamiento
             El Yin-Yang es fundamentalmente un símbolo, y se entiende como tal una puerta de acceso a muchas realidades ocultas en él; es como un cofre que custodia un tesoro. La palabra nos llega del griego Sumbolon, a través del latín Symbolus, que traducimos como “Aquello que lleva” o “Lo que porta algo consigo”.
             Para entenderlo en su globalidad, primero debemos diferenciarlo del signo que está destinado a comunicar una información, una norma o un mensaje concreto sobre cuestiones ordinarias. Es una invención, un acuerdo tácito de convivencia entre un colectivo. Por ejemplo, las señales de tráfico son signos.
            Sin embargo, el símbolo encierra un mensaje no ordinario de una mayor introspección conceptual; en cierto modo, alberga “secretos” que trascienden al mismo ser humano. Su función es transmitir una realidad esencial y arquetípica a través de conceptos metafísicos de gran profundidad y universalidad, que se hacen accesibles a nuestra naturaleza objetiva y racional: la justicia, la verdad, el bien, la belleza, el espíritu, los misterios de la vida, las leyes universales… Además de encerrar un amplio contenido, también hace de puente entre esas ideas puras y nuestra conciencia.
           En base a todo esto hay que entender que el símbolo no es un criptograma caprichoso y gratuitamente hermético, o destinado a una élite de individuos privilegiados. Más bien es un desafío para aquellos que necesitan respuestas en la vida y se preguntan qué es esto que llamamos existencia. El conocimiento de un símbolo está ahí, accesible; el problema está en nuestra conciencia y nuestra preparación interior para asimilar y comprender su oculta realidad.
           El profundo simbolismo del Yin-Yang acabó convirtiéndose en un sistema de pensamiento. Esto significa que encierra en su ontología una manera de pensar, de vivir y de entender el cosmos; transmite una cosmovisión muy relacionada con el taoísmo y con el confucianismo.
           Tao es, “camino”, “doctrina”, una vía a seguir en relación al arte de unir y entrelazar el cielo con la tierra. Una de las definiciones más antiguas que nos han llegado sobre el Tao es: “Un aspecto Yin, una aspecto Yang, eso es el Tao”. Para muchas escuelas orientales el Tao es el principio inmanente en todos los ámbitos de la realidad, es la esencia de todo cuanto existe; el Yin-Yang es su expresión concreta, su forma externa. El Tao y su manifestación como Yin-Yang se sintetiza, como se dijo antes, en el arte de poner en comunicación el cielo y la tierra, las potencias y fuerzas sagradas con los hombres. El confucianismo, por su parte, utiliza el Yin-Yang como una aplicación práctica y como parte de una doctrina a seguir en relación a la conducta y a la regla moral.
 Origen y mitología del Yin-Yang
           Este símbolo es mucho más remoto que sus primeras apariciones en textos pretaoístas, pues se ha encontrado en algunos objetos rituales de mucha antigüedad. Aparece en casi todos los movimientos filosófico-místicos de China: es icono y fundamento del Tai-Chi; es la base con la que se crea el oráculo del I-Ching (los hexagramas están compuestos por líneas Yin o Yang); es una de las bases del pensamiento taoísta y está integrado también en el confucianismo; es uno de los ejes de la medicina y la acupuntura chinas, y además forma parte de las artes marciales, del FENA-Shui, del Chi-Kung, etc. Hablar de la idiosincrasia china sin mencionarlo o asociarlo es muy difícil.
           Según el Tao Te King, el universo se crea de la siguiente manera:
          “El Tao engendra el I (Wu-Chi o vacío), I engendra 2 (yin-yang), 2 engendra 3, 3, los 10.000 seres. Los 10.000 seres llevan el yin a la espalda y el yang en los brazos. Mezclando sus soplos realizan la armonía” (Tao Te King).
           El mito de la creación chino nos cuenta el siguiente relato: “Al principio, los cielos y la tierra eran solamente uno y todo era caos. El universo era como un enorme huevo negro, que llevaba en su interior a P’an-Ku. Tras 18.000 años P’an-Ku se despertó de un largo sueño. Se sintió sofocado, por lo cual empuñó un hacha enorme y la empleó para abrir el huevo. La luz (yang), la parte clara, ascendió y formó los cielos; la materia fría y turbia (yin) permaneció debajo para formar la tierra. P’an-Ku se quedó en el medio, con su cabeza tocando el cielo y sus pies sobre la tierra. Permaneció entre ellos como un pilar gigantesco, impidiendo que volviesen a estar unidos”.
           El huevo representa el Yin-Yang: dos aspectos de la energía primigenia o universal.
 Significados del Yin-Yang
Carácter Universal: según la tradición china, Yin y Yang son elementos esenciales que penetran todas las sustancias que se encuentran el la tierra y en el cosmos. Todo lo que existe, participa en un grado más o menos alto de ellos. No son una fuerza, ni una energía, ni una manifestación; en fin, no son particularidades, sino cualidades comunes a los fenómenos del universo. Por consiguiente, no es posible identificarlas con nada concreto y específico sin que pierdan su condición fundamental de universalidad.
Principio de Oposición e Interdependencia: Yin-Yang son elementos opuestos, pero a la vez complementarios, lo que nos conduce a una paradoja. Todo tiene su opuesto en este mundo, la existencia de uno expresa inevitablemente la existencia de su contrario; es decir, en el momento que designamos que algo es alto, es porque existe un punto de referencia: lo bajo. Ocurre lo mismo con el día y la noche, el frío y el calor, lo grande y lo pequeño, etc.
Principio de Polaridad-Dualidad: este principio nos muestra un universo dual, entendiendo que existen leyes de polaridad, atracción y rechazo, que van desde lo más pequeño, como el universo atómico o cuántico, hasta las relaciones humanas o más allá de los sistemas planetarios. El universo es dual y de esa dualidad emana el equilibrio, la vida y la evolución. La polaridad es necesaria para la existencia. Tenemos ejemplos en un átomo, con sus electrones, o entre los seres vivos, cuando lo masculino fecunda a lo femenino. A un nivel más grande, la naturaleza misma se regenera de igual forma.
 Principio de Ciclicidad: el Yin-Yang también representa la energía de la renovación gracias a la ciclicidad. Su forma circular y su grafismo nos muestran elementos que cobran movimiento, que se alternan. Las polaridades se intercambian y de ese flujo continuo, de ese equilibrio constante surge el movimiento. El universo está compuesto por una naturaleza que se alterna de manera cíclica. El Yin-Yang representa también esos ciclos de polaridad.
 Principio de Relatividad: Yin y Yang no son conceptos absolutos, sino relativos. Nada es completamente Yin ni completamente Yang, como bien indican los dos puntos opuestos en cada lado del símbolo. Por ejemplo: el invierno significa frío y el verano calor; sin embargo en un día de invierno podemos tener calor y viceversa.
 Principio de Crecimiento-Decrecimiento: Yin-Yang, al ser opuestos per interdependientes, nos muestran que si uno de ellos crece el otro decrece; de no ser así, no estaríamos en presencia de un equilibrio dinámico, que es lo que alcanza su interdependencia. Según una sentencia china: “el crecimiento es ya el germen de la muerte”, pues en el momento en que se nace, se empieza el camino hacia ella. Otro aforismo dice: “Antes que la noche parta el día está por llegar”. El Sol comienza a descender a partir del mediodía, cuando está en el punto más alto, para dejar paso paulatinamente a la noche. A medianoche el proceso es inverso.
 Equilibrio Universal: el Yin-Yang se encuentra en un permanente equilibrio dinámico que se desestabiliza para volver a conformarse de nuevo. Ambos se consumen y se generan mutuamente. Esa armonía significa que la preponderancia del Yang va seguida por la del Yin y viceversa. En la medida que Yang crece, Yin decrece y lo inverso; y que Yin se gesta y engendra en el interior del Yang, mientras ocurre lo mismo en el seno de Yin. Todos los fenómenos perteneces a Yin o a Yang y su compensación mantiene estable el universo.
         Este escrito no ha hecho más que despuntar la insondable realidad de este símbolo milenario. Tan sólo se ha hecho una mirada fugaz, pues su misterio y sabiduría siguen velados. Sólo la comprensión aplicada en la “praxis” de la vida hará posible enriquecerse interiormente al atesorar un granito más de la Sabiduría perenne, y nos permitirá conocer los ocultos resortes con los que funciona el cosmos, y el papel que desempeñamos en él.

José Luis Gil Miró

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